Ir al contenido principal

La pena. Segunda parte de Lombán. José Antonio Borrego Suárez.

Autor: José Antonio Borrego Suárez.
Relato: La pena. 

Continuación de cuento Lombán.

La tía Adelita me aclaró hace bastante tiempo, cuando aún vivía, la diferencia que había entre la tristeza y la pena. Para ella, la tristeza te entraba y luego el tiempo la sacaba, incluso si tenía fuerte el ánimo te la podías sacudir pronto; pero la pena no. La pena era una tristeza que te agarraba las entrañas y te pudría.

La primera vez que vi la pena en la cara de un hombre fue en la de Lombán. Aquel día los cangrejos se nos dieron bien, cogimos bastantes. Cuando terminamos de coger las trampas y sacar todas las capturas de detrás de un soto de aneas, salió la pareja de guardias.

"Bien, Lombán, veo que cogiste suficientes bichos. Eso es bueno porque en el cuartelillo somos muchos. Manda al chaval que los lleve y que no se extravíe ninguno. Explícale lo que te puede pasar si ocurriera algo parecido", y se marcharon riéndose.

Entonces le vi la pena que le pudría, la sombra que le envenenaba. Lombán me mandó con un gesto, no tuvo que explicar nada, yo le entendí y empecé a quererle.

(Este relato sigue en:

https://camposdelsur-literaturablog.blogspot.com/2020/07/pelo-paja-lomban-y-los-cojones-de-mi.html)

Comentarios

Entradas populares de este blog

de la noche universal

de la noche universal Ignacio Escañuela Romana Mayo de 2025 despertó en el intenso sudor de un verano del sur. bañado en el horror escuchó el palpitar de la noche universal, como en latidos atronadores y reales. no sintió nada, como en un anticipo del pasado. pequeños mensajes dolorosos con el yo desvalido, perdido en el tiempo y el espacio, en la nada negra, opaca, absoluta e infinita. aterrado, anheló el retorno de las luces.

Los olvidados

Ignacio Escañuela Romana 17 de febrero de 2026 quienes están al margen de la historia y carecen de toda dignidad ante esa razón avanzada que progresa y nos lleva de maneras incomprensibles e inexplicadas. para quienes ya se dio el olvido desde el inicio de los tiempos, y en ese final, cuyas vidas en fin no reciben valor por el proceso y, a pesar de ello, o gracias, viven en ese momento quedo y efímero en que se da la sensación, sin deber nada a nadie, ni haber sido invitados, ni a un sí mismo exasperante. olvidados, pues, para el presente y sin futuro, aislados del pasado y las lógicas, jamás apreciados ante ningún jurado, mas están ahí y sonríen y lloran. sin saberlo siquiera son la fuerza irónica que sostiene lo que llamamos humanidad.

CON MODERACIÓN

José Antonio Borrego Suárez Toda la historia que cuento aquí es un trágico error, un despropósito. La cuento para desprenderme del peso de la conciencia. Y desmontar ante ustedes el falso concepto que tenéis de mí. Demostrar que solo soy un fraude. Hablar claro es la única posibilidad que me queda de seguir aguantándome. Todo se inició en la época de estudiante. Pertenecía a una familia pudiente de provincias, de esas que llaman de las principales y me aburría. Quería aportar a mi vida un poco de aventura.  En aquellos años la agitación política era intensa. El dictador agonizaba, y la gente se movilizaba ante la oportunidad de mejorar su situación. Este no era mi caso, ya he dicho que pertenecía a los privilegiados del régimen. A los ricos, que para ser claros eran los dueños de la dictadura. Como yo hubo infinidad de personas, pero no quiero ampararme en falsas justificaciones y, prosigo.    Mi ego me incitaba a tener un protagonismo destacado en los acontecimientos que...