Ignacio Escañuela Romana
Y entonces una triple condena. La de ser, la de querer ser y la tentación de no ser.
Somos, y nos extrañamos de ello. Como si no pudiésemos evitarlo. Aunque a veces nos gustaría perdernos en la nada. Somos y nos preguntamos siempre la razón por la que no somos. El ser se nos impone como evidencia, el no ser como certeza.
Por el hecho de ser, peleamos por permanecer, el conato. Quizá nos cuesta admitir que somos y no podemos comprender el hecho, pero simultáneamente deseamos con todas nuestras fuerzas seguir. “Do not gentle into that good night (…) rage, rage against the dying of the light”, dice Dylan Thomas. No te apresures, no aceptes el final.
Tenemos una cierta tentación de no ser e introducirnos pausadamente en la nada. “Donde habite el olvido”, nos dice Cernuda, allí donde “el deseo no exista”.
El hombre se define quizá como especie que es y persevera. Pero también que sabe que no será y siente la tentación de nostalgia en la ausencia del deseo.
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