José Antonio Borrego Suárez
No es cierto que cuando se mata la palabra, se mata la vida,
al menos en parte…, porque en silencio también se vive.
Solo cuando la vida se elimina, acaba la palabra, el silencio, el sueño,
la alegría, la tristeza…, todo lo que es humano.
Nacer bajo los cielos malditos que la historia señaló, solo es una cuestión de azar.
Y las bombas nos estremecen, nos estremece tú muerte, otra más que sumar al despropósito del horror.
Una muerte que no es especial porque son tantas, que la crueldad con su indiferencia la hace número, la deshumaniza. Hasta en los niños se quita lo humano que posee la muerte.
La tuya Heba, porque es la tuya y no quiero que te la quiten… provoca el ahogo de la rabia, de la impotencia, de hartazgo por tantos años viendo cómo bajo ese cielo donde naciste, crece desaforada la lluvia de la impunidad.
Cielos malditos… que conozco porque heredé la memoria de mí gente, cielos que se extienden por el mundo, que nunca dejan de crecer..
Ahora que las palabras se me agotan, no quiero buscar otras para la denuncia,
bien sé que no hay que abarque el horro, ni pañuelos que sequen las lágrimas.
Que se puede decir para que tú muerte no sea inútil, quizás pronunciando dos
palabras que latieron en tú corazón me aproxime: Gaza, Palestina.
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